
Conciencia – Ciencia – Observación
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Según la neurociencia, una de las capacidades más valiosas de la inteligencia humana no consiste simplemente en memorizar más, pensar más rápido o acumular más información.
Existe una capacidad mucho más profunda: la capacidad de observar lo que ocurre en nuestra propia mente, mientras está ocurriendo.
La Clave está en, darnos cuenta, de lo que pensamos, de lo que sentimos y de como reaccionamos, sin identificarnos inmediatamente con ello.
Porque muchas veces no vivimos desde la Conciencia, sino desde lo automático.
Reaccionamos, nos defendemos, nos cerramos, nos saboteamos, o bien respondemos emocionalmente.
Y después intentamos comprender porque hemos vuelto a hacer exactamente lo mismo.
El verdadero cambio comienza en un instante muy preciso: el momento en que dejamos de reaccionar automáticamente y comenzamos a observar conscientemente.
Entonces podemos preguntarnos: ¿Por qué he reaccionado así? ¿Por qué esto me ha afectado tanto? ¿Qué pensamiento ha provocado esta emoción? ¿Por qué sigo sintiendo miedo cuando, aparentemente, todo está bien?
La pregunta abre un espacio entre el estímulo y nuestra respuesta.
Y en ese espacio aparece algo extraordinariamente importante: la posibilidad de ser consciente del Instante Presente.
Sin embargo, gran parte de nuestra conducta está influida por hábitos, aprendizajes, recuerdos y patrones que hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestra vida.
La mente –básicamente–, aprende por repetición.
Aquello que pensamos, sentimos y hacemos reiteradamente puede convertirse en una respuesta cada vez más automática.
De esta manera, determinadas formas de reaccionar terminan pareciéndonos naturales.
Llegamos incluso a decir: “yo soy así”.
Pero quizá deberíamos preguntarnos: ¿Realmente soy así, o simplemente he aprendido a responder así?
¿O bien puede ser la creencia de que un pensamiento dual, creado por nuestra mente dualista, es real?
Esta diferencia es fundamental.
Porque si una determinada respuesta ha sido aprendida, puede ser revisada.
Y aquello que puede ser observado conscientemente, también puede comenzar a transformarse.
La personalidad no es conflictiva, a menos que creamos que un pensamiento conflictivo, creado por la mente dual, es real.
Muchas personas creen que su personalidad es algo completamente fijo.
Piensan que siempre sentirán igual, que siempre reaccionarán igual y que están destinadas a repetir los mismos patrones.
Sin embargo, la capacidad de neuroplasticidad* del cerebro nos muestra que nuestro sistema nervioso puede modificarse en función de la experiencia, el aprendizaje, la repetición, la atención y la observación consciente.
* Neuroplasticidad, es la capacidad del cerebro para cambiar, adaptarse y reorganizar sus conexiones y funciones a lo largo de la vida
Esto no significa que podamos convertirnos instantáneamente en cualquier persona que imaginemos.
Significa algo mucho más interesante: no estamos completamente determinados por nuestros hábitos anteriores.
Podemos aprender nuevas formas de responder.
Podemos desarrollar nuevas habilidades.
Podemos modificar determinados patrones.
Podemos crear nuevas asociaciones.
Y, sobre todo, podemos aprender a relacionarnos de otra manera con nuestros propios pensamientos, emociones y acciones.
La clave es –como sabéis–, Atención, Observación y Concentración.
Y como estamos hablando de Observar, se trata de observar conscientemente.
Sin embargo… Imagina que alguien dice algo que te molesta.
La reacción automática aparece inmediatamente.
Te enfadas, te defiendes, quieres responder.
Pero esta vez sucede algo diferente.
Observas…
Reconoces la emoción, notas como cambia tu respiración, percibes la tensión de tu cuerpo, observas el pensamiento que aparece.
Y no reaccionas inmediatamente.
Has creado un pequeño espacio.
Quizá solo dure unos segundos.
Pero esos segundos pueden cambiarlo todo.
Porque ya no eres únicamente la reacción.
Ahora también eres quien observa la reacción.
Y aquí comienza una transformación profunda.
La Observación consciente crea un espacio de Silencio.
La Observación consciente no significa luchar contra los pensamientos.
Tampoco significa intentar eliminarlos.
Mucho menos significa negar las emociones.
Significa ver las emociones tal y como aparecen.
Por ejemplo: Observar el pensamiento sin convertirlo inmediatamente en una verdad.
Observar la emoción sin convertirla inmediatamente en una identidad.
Observar el miedo sin decir: “yo tengo miedo”.
Quizá sea más preciso decir: “Estoy experimentando miedo”.
Hay una diferencia enorme entre ambas expresiones.
En la primera existe identificación, en la segunda existe observación.
Y donde existe observación aparece un espacio de Silencio.
Comprender no siempre es suficiente.
Podemos comprender intelectualmente nuestros patrones y, sin embargo, continuar repitiéndolos.
Podemos saber perfectamente que una determinada reacción no nos ayuda y volver a reaccionar de la misma manera.
¿Por qué?
Porque comprender algo intelectualmente no significa necesariamente haberlo integrado.
El cambio profundo requiere consciencia de, experiencia, práctica e integración.
Necesitamos observar el patrón en el momento mismo en que aparece.
Y, poco a poco, aprender a responder de una manera diferente y consciente.
Ahí es donde la neuroplasticidad adquiere especial relevancia.
Cada nueva forma de responder, conscientemente, cuando se práctica y se consolida, puede contribuir a modificar nuestros hábitos y circuitos funcionales.
No se trata de repetir frases bonitas.
Se trata de vivir de una manera diferente a, aquello que antes hacíamos automáticamente.
La Conciencia como espacio de libertad
Desde la perspectiva científica podemos hablar de atención, metacognición*, aprendizaje, regulación emocional y neuroplasticidad.
* La metacognición, es la capacidad de reflexionar, comprender y controlar los propios procesos de pensamiento y aprendizaje. En palabras sencillas, significa “pensar sobre el propio pensamiento”.
Desde la Filosofía Transcendental podemos expresarlo de otra manera: Observar conscientemente es comenzar a Despertar.
Porque mientras estamos completamente identificados con un pensamiento, creemos ser ese pensamiento.
Mientras estamos completamente identificados con una emoción, creemos ser esa emoción.
Pero cuando podemos observar pensamiento y emoción, sin apegarse o identificarse, aparece una pregunta fundamental:
¿Quién es el que observa?
Esta pregunta nos conduce desde la mente relativa, hacia la Conciencia.
Y aquí comienza el verdadero diálogo entre Ciencia y Filosofía.
La ciencia puede estudiar los mecanismos cerebrales relacionados con la atención, la percepción, el aprendizaje y la autorregulación*.
* Auto-regulación: La auto-regulación es la capacidad de gestionar, controlar y dirigir los propios pensamientos, emociones y conductas, para alcanzar metas y responder de forma adaptativa a las situaciones.
La Filosofía Transcendental plantea una pregunta diferente:
¿Qué es esa Conciencia que puede observar incluso sus propios pensamientos?
El Observador y lo observado pueden facilitar una pista.
Quizá este sea el punto más profundo de todo el artículo.
Cuando observas un pensamiento, hay un observador, –un testigo–, observando el pensamiento.
Cuando observas una emoción, hay una emoción observada, por el observador o testigo.
Cuando observas una reacción, hay una reacción observada, por el observador o testigo.
Entonces surge inevitablemente la pregunta: ¿Quién observa?
No se trata de responderla intelectualmente.
Se trata de observar, observa el pensamiento, observa la emoción, observa el impulso antes que llegue la acción, observa al cuerpo en la acción.
Y después observa al propio observador.
En ese instante comienza una investigación interior que ningún libro puede realizar por Ti.
Porque el conocimiento puede explicarnos muchas cosas.
Pero solo la experiencia puede mostrarnos directamente aquello que somos.
Cuando cambia la mirada, cambia la experiencia y todo se Ilumina.
La Realidad no cambia porque nosotros cambiemos.
A veces cambia nuestra manera de relacionarnos con ella.
Una misma situación puede provocar miedo en una persona y serenidad en otra.
El acontecimiento es el mismo.
Lo que cambia es la interpretación, la historia personal y el estado desde el que se experimenta.
Por eso, transformar nuestra relación con la mente relativa puede transformar profundamente nuestra experiencia de la vida.
No significa crear una realidad imaginaria.
Significa dejar de confundir nuestra interpretación de la realidad, con la Realidad misma.
Y esta distinción conecta directamente con uno de los principios esenciales de la Filosofía Transcendental.
La Realidad es lo que Es; la interpretación es lo que la mente piensa sobre lo que Es.
Reflexión final
Quizá el verdadero cambio no comienza cuando conseguimos controlar nuestra mente.
Comienza cuando dejamos de ser completamente controlados por ella.
No necesitas luchar contra el pensamiento.
Simplemente, Obsérvalo.
No necesitas rechazar la emoción.
Simplemente, Obsérvala.
No necesitas huir del miedo.
Simplemente, Obsérvalo.
Y cuando observas sin juzgar, ni interpretar, descubrirás algo extraordinario: entre lo que sucede y la respuesta que das, existe un espacio de Conciencia, existe un espacio de Silencio.
Ese espacio es pequeño al principio, después crece.
Y cuanto más lo habitas, menos automático se vuelve tu vivir.
Entonces ya no reaccionas, como ayer.
Comienzas a responder desde el Presente, desde el Instante Presente.
Y quizá ahí se encuentre una de las formas más sencillas y profundas de transformación: observar sin juzgar, comprender sin identificarse y vivir sin estar completamente sometido al automatismo de la mente dualista.
Porque cuando la Observación se convierte en Conciencia, la vida deja de ser únicamente algo que te sucede y comienza a convertirse en algo que puedes vivir plenamente, tal y como Es.
Kóan final
El pensamiento preguntó: «¿Quién soy?»
La Conciencia guardó silencio.
Y por primera vez, la respuesta fue completa.
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Inspiro- Espiro
Con Profundo Amor
Rabsal
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