El Nombre y la Forma

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El concepto de nombre y forma define al mundo material y visible como una apariencia cambiante, temporal, superficial e impermanente.

La única realidad verdadera es la Conciencia, (la Conciencia Pura y No-dual), mientras que los objetos, cuerpos y mentes son solo proyecciones ilusorias impuestas sobre la Realidad.

Todo lo que tiene un nombre y una forma nace, cambia y muere, por lo que se considera irreal o impermanente.

La mente humana suele percibir el universo dividido en objetos y seres separados debido a la ignorancia y la ilusión(maya), ya que la mente personal, interpreta la Realidad asignándole nombre y forma dualmente, o con dualidad.

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Todo acontecimiento que alguna vez sucedió fue, antes que nada, parte viva de un Presente.
Todo cuanto ha sido experimentado fluyó originalmente en un “aquí y ahora”, como una Realidad inmediata, aún no fragmentada, por la mente-pensamiento dualista.

Entonces surge una pregunta esencial: ¿Qué hace que un acontecimiento del Presente se transforme en pasado?
¿De qué modo un hecho que acontece, se convierte en algo “acontecido”?

La respuesta parece hallarse en el instrumento mental y, más concretamente, en la actividad de la memoria.
La mente dualista captura el flujo vivo de la experiencia y lo delimita mediante “nombre” y “forma”; de este modo, aquello que era una realidad abierta, ilimitada y presente, queda fijado como recuerdo, como experiencia definida y clasificable.

La memoria tiene como función principal impedir que los sucesos experimentados se disuelvan completamente en el olvido.
Sin embargo, para conservarlos necesita reducir la inmensidad de la experiencia a estructuras comprensibles para la mente dualista.

Aun así, la Memoria original es Pura y No-dual, solo se convierte en memoria dual cuando la mente personal interviene, asignándole nombre y forma dual a la Realidad.

Por lo tanto, la información presente en cada instante es prácticamente infinita.
Pero la mente humana, incapaz de abarcar simultáneamente la totalidad de lo Real, le da nombre, forma, selecciona, fragmenta, juzga e interpreta, lo Real o Realidad.
Así surge la percepción diferenciada: una percepción dual que divide, compara, interpreta y clasifica.

A través de este proceso aparecen los dos grandes instrumentos de delimitación mental: el nombre, o la forma, e incluso ambos a la vez.

El nombre define conceptualmente.
La forma delimita, la percepción.

Gracias a ambos, el acontecimiento que fluye en el Presente No-dual puede ser fijado en la memoria y posteriormente evocado por el individuo.

Cada vez que percibes algo desde la modalidad de cognición dual, la mente realiza un movimiento casi instantáneo de evocación o recuerdo.

Percibes un objeto y, de inmediato, la atención se desplaza hacia la memoria para comparar lo percibido con algo previamente conocido.

Entonces se produce el reconocimiento.

La mente toma la inmensidad de información asociada al objeto y lo bloquea dentro de los límites de aquello que su nombre y forma representan.

Por ejemplo: percibes una mesa de madera.

Sin embargo, la mente no percibe la totalidad del fenómeno.
Percibe únicamente una fracción reducida de información a la que se denomina “mesa”.
En realidad, el objeto contiene innumerables relaciones, propiedades y niveles de existencia que quedan excluidos del acto ordinario de percepción.

Esta modalidad de conocimiento funciona dialécticamente: percibes algo (tesis), lo comparas con la memoria (antítesis), y finalmente alcanzas una comprensión o síntesis.

Pero en el mismo instante en que reconoces el objeto mediante nombre y forma, abandonas parcialmente el estado de Atención Pura o Atención Plena.
La atención deja de permanecer completamente en el Presente y se dirige hacia el recuerdo.

El flujo continuo de presencia se interrumpe.

Tu atención ya no descansa sobre la realidad viva de la mesa, sino sobre la idea mental que posees acerca de ella.
Y a dicha idea se añaden además tus experiencias personales, asociaciones, gustos, recuerdos y condicionamientos relacionados con otras mesas percibidas anteriormente.

De este modo, gran parte de la información contenida en el fenómeno desaparece de la consciencia.

Sin embargo, si la Atención permaneciera estable, silenciosa y sin interferencia conceptual, podría revelarse una profundidad mucho mayor de percepción.

Entonces podrían percibirse simultáneamente: la clase de madera, sus propiedades, su textura y densidad, el árbol de la cual provino, el entorno donde creció el árbol, el tiempo contenido en sus vetas, las manos que trabajaron esa madera, e incluso la red de elementales, invisibles que hicieron posible su crecimiento y su existencia.

Todo ello se hallaba ya presente, aunque normalmente queda oculto por la simplificación mental producida por el nombre y la forma.

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Analicémoslo un poco más…

El binomio nombre y forma ha sido utilizado durante siglos en distintas tradiciones filosóficas y espirituales para describir cómo la mente humana organiza y experimenta la realidad.

Aunque ambos aspectos aparecen unidos en la experiencia cotidiana, es posible que una persona se identifique más con uno, que con el otro.

La forma hace referencia a aquello que puede percibirse directamente: los objetos, los cuerpos, los sonidos, los colores, los movimientos y, en general, todo lo que constituye la experiencia inmediata del mundo fenoménico.

Es el ámbito de la percepción, quien se identifica principalmente con la forma suele otorgar mayor importancia a la experiencia directa que a las interpretaciones conceptuales.

Su atención se dirige hacia «lo que es» antes que, hacia a… «cómo se lo denomina».

El nombre, en cambio, pertenece al ámbito del pensamiento y del lenguaje.  Nombrar una forma es clasificarla, describirla y situarla dentro de una red de conceptos compartidos.

Los nombres permiten comunicarnos, recordar, comparar y construir conocimiento, pero también pueden convertirse en filtros que sustituyen la experiencia directa.

En ocasiones, el individuo deja de relacionarse con la realidad y pasa a relacionarse principalmente con los conceptos que tiene sobre ella.

La mente dualista opera precisamente mediante esta interacción entre nombre y forma.

Percibe una forma, la nombra y, a partir de ese nombre, establece relaciones de oposición o comparación: bueno y malo, bello y feo, éxito y fracaso, yo y otro.   

De esta manera, el pensamiento crea una realidad conceptual que resulta útil para la vida práctica, pero que no siempre coincide con la experiencia inmediata o realidad.

Desde esta perspectiva, pueden distinguirse tres tendencias generales: Algunos individuos se identifican más con la forma del mundo fenoménico o percepción de la realidad.

Su referencia principal es la percepción directa y la experiencia sensible del presente.  Los conceptos o nombres ocupan un lugar secundario.

Otros individuos se identifican principalmente con el nombre. Interpretan el mundo a través de categorías, definiciones, teorías e identidades.  La realidad es vivida sobre todo mediante la mente-pensamiento-dualista.

Y una mayoría de individuos alterna entre ambos procesos, integrando percepción y conceptualización.

Sin embargo, con frecuencia, la mente, termina privilegiando el nombre sobre la forma, hasta el punto de confundir el concepto con la realidad que representa.

Estos individuos se identifican con el nombre y la forma, a través de la mente-pensamiento-dual, sin ser conscientes de ello.

El que escribe, se identifica más con las formas y poco con los nombres.

Cuando digo que me identifico más con las formas y poco con los nombres, expreso una inclinación hacia la percepción directa antes que hacia la elaboración conceptual o nombrar. Esto No significa rechazar el lenguaje, sino reconocer que ambos son instrumentos, pero No la realidad en sí misma.

Es más, la forma puede ser contemplada sin necesidad de nombrarla; en ese instante, la experiencia permanece más abierta y menos condicionada por las categorías mentales.

Quizás el mayor equilibrio consista en utilizar el nombre sin quedar atrapado en él, y contemplar la forma sin olvidar que toda percepción también es interpretada por la mente dualista.

El nombre facilita la comunicación; la forma ofrece la experiencia.

Cuando ambos ocupan su lugar adecuado, el pensamiento dual, deja de imponerse sobre la realidad y pasa a ser un medio para comprenderla y vivenciarla tal cual es y no un sustituto de ella.

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Seguimos…

La Filosofía Transcendental afirma que todo juicio emitido por la mente implica necesariamente delimitación.
Nombrar algo es separarlo.
Definirlo es establecer una frontera conceptual dentro de la totalidad indivisible del Presente.

Así, cuando la mente identifica cualquier fenómeno mediante nombre y forma, lo diferencia del resto de la totalidad que fluye inseparablemente.

La experiencia dual nace precisamente de esta fragmentación.

El sujeto aparece separado del objeto.
El observador parece distinto de lo observado.

Pero dicha separación pertenece principalmente al ámbito conceptual de la mente dualista.

Por ello, la verdadera observación transcendental consiste en percibir sin apresar la experiencia mediante la mente-pensamiento dual.

Se trata de, Observar la mesa sin reducirla a una definición.
Contemplarla sin etiquetar.
Percibirla sin convertir instantáneamente lo percibido en memoria, comparada con otra memoria.

No se trata de negar el uso práctico del nombre y la forma, –pues son necesarios para la vida cotidiana–, sino de comprender que no constituyen la realidad última de aquello que percibimos.

Cuando la atención permanece profundamente estable en el Presente, libre de asociación, comparación, juicio o interpretación, comienza a diluirse la frontera entre sujeto y objeto.

Entonces aparece una forma distinta de percepción: una percepción directa, inmediata y No-dual.

En ese estado, la realidad deja de experimentarse como un conjunto de objetos separados y comienza a revelarse como una totalidad viva, indivisible y consciente.

Kóan: Las formas cambian, pero la energía de la que están compuestas no cambian, la energía es indestructible.

Y quizá entonces comprendamos que el nombre nunca fue la cosa, que la forma nunca fue la esencia, y que aquello que verdaderamente ES permanece siempre más allá de toda definición mental.

Finalizamos con un apunte: El nombre y la forma pertenecen a la consciencia personal o mente-pensamiento dual, sin embargo, la consciencia personal, puede experimentar la Conciencia o Conciencia No-dual, ya que es parte de esa Conciencia.

La Luz de la Conciencia siempre está Iluminando a la consciencia.

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Inspiro-Espiro

Con Profundo Amor

Rabsal

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