El Gato “Bueno”
El gato que se hizo pasar por bueno


Érase una vez… Hace mucho, mucho tiempo…


Había una vez un gato que vivía en una casa, en la cual había muchos ratones.

El gato cazaba muchos ratones y todos los ratoncitos le tenían miedo.

Pasaron los años y el gato empezó a hacerse viejo y claro, ya no podía correr tanto y empezó a pasar hambre.

Un día el gato pensó… y pensó… y pensó… y al final chasqueó los dedos y dijo… ya lo tengo… me haré pasar por un gato bueno y así conseguiré comida fácil.

El gato buscó un cojín muy bonito lo puso en el centro de una pared de una de las habitaciones, donde había un agujero (una puerta) … por donde salían los ratoncitos.

El gato, se sentó en el cojín… cruzó las patas traseras… se ató una cinta blanca a la altura de la frente… se puso en la posición de tranquilidad y… Ohhh, parecía un gran maestro.

Los ratoncitos pasaban primero por las esquinas, pensando… seguro que saltara sobre nosotros para comernos.

Pero, no, el gato no se movía y no les hacia nada.

Un día el gato les dijo: “¡No temáis!  A partir de ahora, he decidido ser un gato bueno y vegetariano. Si queréis podéis asistir a las enseñanzas que cada día voy a dar sobre la amistad y cómo ser buenos amigos”.

El primer día unos ratoncitos (pocos) asistieron a las enseñanzas del gato…

Luego comentaron a los demás que eran unas enseñanzas muy buenas pues hablaban de cómo ser bueno con nuestros amigos… con nuestros hermanos… con nuestros papás y mamás y con los que nos cuidan.

El segundo día fueron muchos más… el gato utilizaba palabras bonitas… y cuando acababa las enseñanzas, todos decían: “¡Qué bien que habla el gato!”.

El tercer día ya fueron todos a las enseñanzas del gato.

Iban pasando los días y todos los ratoncitos asistían a las enseñanzas muy contentos.

Pero, un ratoncito llamado RatoLuis, se dio cuenta de que cada vez eran menos ratones y se lo dijo a su hermano RatoPérez.

RatoPérez le dijo: “¡Es verdad! ¡Yo también creo que cada vez somos menos!”.

RatoLuis le dijo a su hermano RatoPérez: “Vamos a averiguar lo que pasa! ¡Te diré lo que haremos! Mira hermanito, ¿verdad que cuando acaban las enseñanzas todos salimos en fila y pasamos todos por el agujero? Pues bien, creo que en algún momento el gato tiene que coger a alguno de nuestros hermanos para comérselo.”

Su hermanito RatoPérez le contestó: “¡Qué miedo! ¿Y entonces qué vamos ha hacer?”

“No te preocupes lo tengo todo pensado. Mañana cuando acaben las enseñanzas, tú, hermanito te colocas el segundo de la fila por delante, y yo me colocaré el segundo por la parte del final de la fila”. – contestó RatoPérez.

Al día siguiente fueron a las enseñanzas y cuando acabaron el ratoncito, RatoPérez, salió corriendo y se coloco el segundo para pasar por el agujero. Mientras RatoLuis, fue dejando que los demás pasaran y se colocó el penúltimo.

Cuando todos pasaron el agujero, los dos hermanos se juntaron para hablar.

RatoLuis le dijo a su hermano:” ¿Has visto algo raro?”

Y RatoPérez respondió: “¡No! ¿Y tú?”.

“Sí, he visto cómo el gato se comía al último de la fila” – dijo RatoLuis.

Los dos hermanos se quedaron en silencio un rato y finalmente RatoLuis dijo: “¡Tengo una idea! Le pondremos un cascabel al gato, así cuando se mueva oiremos el cascabel, saldremos corriendo y como es viejo no nos podrá coger”.

Al día siguiente todos los ratoncitos ya sabían lo que pasaba con el gato y todos estaban de acuerdo en regalarle un cascabel.

Así que cuando acabó la enseñanza, RatoLuis se dirigió al gato y le dijo: “Querido gato por lo bien que lo has hecho con nosotros y por la forma tan “desinteresada” que tienes hacia nosotros, hemos decidido hacerte un regalo. Deseamos que te guste tanto como a nosotros.”

El gato sorprendido por el regalo, asintió con la cabeza y dijo: “¡Muchas gracias por el regalo!¡Sé que no me lo merezco!”

RatoLuis le dijo al Gato: “Por favor, cierra los ojos, queremos que el regalo sea una sorpresa”. El gato cerró los ojos y RatoLuis y su hermano le pusieron un cascabel con un candado que no se podía quitar.

El gato cuando vio el cascabel que brillaba se lleno de orgullo les dio las gracias a todos y les dijo que ya podían marchar a casa.

Los ratoncitos, como cada día, hicieron la fila para entrar por el agujero. Pero esta vez RatoLuis se quedó el último. Y cuando RatoLuis estaba cerca de la puerta, oyó el cascabel y salió corriendo. Ese día el gato no se comió a ningún ratón.

El gato se dio cuenta que, si seguía en esa casa, no podría comerse a ningún ratón así que decidió irse al bosque.

Al día siguiente los ratoncitos hicieron una fiesta y les dieron las gracias a RatoLuis y a RatoPérez por haberles salvado del gato, que se hacia pasar por bueno.

Los ratoncitos fueron felices por siempre jamás.

De ahí viene el dicho de… Ponerle un cascabel al gato.

Y colorín colorado… este cuento se ha acabado.

***


Moraleja para el cuenta cuentos: Siempre hay que cuestionarse todas las enseñanzas, las diga quién las diga y vengan de donde vengan.
Con Profundo Amor
Rabsal

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Posdata: Mis Deseos de que este Blog sea y sirva, para que el ser humano, se convierta a sí Mismo, en un Ser Humano Integro.

Si consideráis que este Blog, es de Beneficio para Todos los Seres, podéis compartirlo con los seres de vuestro entorno y más allá.

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Feliz Día

 


1 comentario

Loli · 13/10/2019 a las 21:46

Siempre se ha asociado que los cuentos son para l@s niñ@s. A mi siempre me han parecido una fuente de valores. En este cuento en particular, es que siempre tengamos la capacidad de discernir. Por más palabras bonitas y halagadoras que nos digan, lo importante es siempre contrastar. 🙏🏻

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