La Confianza en las rectas relaciones humanas y en la sociedad.

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La confianza es fundamental para el funcionamiento de la sociedad, ya que ésta actúa, como un pilar sobre el cual se construyen las relaciones humanas, la cooperación y la convivencia.

La desconfianza deteriora o destruye las rectas relaciones humanas, la cooperación y la convivencia.

La confianza es un elemento clave en las relaciones sociales, permitiendo la cooperación entre individuos, grupos y organizaciones, y es esencial para que la sociedad en su conjunto funcione civilizadamente.

Sin confianza, la sociedad se vería afectada por la parálisis, ya que cada decisión requeriría evaluar todas las posibilidades contingentes, lo que dificultaría la toma de decisiones.

La confianza se considera una hipótesis sobre la conducta futura del otro, una apuesta que permite reducir la complejidad social y simplificar las interacciones.

En este sentido, es un acto de libertad que implica al otro, le confiere dignidad y lo hace partícipe de la responsabilidad.

La confianza no se basa en el control ni en la imposición, sino en la entrega voluntaria de la confianza entre las personas, lo que permite la construcción de vínculos, de seguridad y el bienestar.

Además, la confianza es necesaria para que las instituciones funcionen, ya que al confiar en el los médicos, los comerciantes, o el maestro, también se confía en las estructuras sociales y económicas que sustentan la vida en la sociedad.

Su debilitamiento se traduce en corrupción, inseguridad, apatía e incivismo, y puede llevar al colapso de la democracia si se pierde la confianza en las instituciones políticas, económicas y empresariales.

Por lo tanto, la confianza no solo es la base de las relaciones personales, sino también del orden social, la ética y el progreso colectivo de la sociedad.

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La Confianza en las rectas relaciones humanas y en la sociedad

La confianza es el cimiento invisible sobre el que se sostienen las relaciones humanas y, por extensión, toda forma de convivencia social.

Allí donde la confianza se debilita, surge el miedo; y donde el miedo se instala, aparecen el control, la sospecha y la fragmentación o división.

Sin embargo, cuando la confianza es genuina, las relaciones se ordenan de forma natural y la sociedad recupera su equilibrio esencial.

Confiar no significa ingenuidad, ni ausencia de discernimiento.

La verdadera confianza nace de una comprensión profunda y el respeto por la naturaleza humana y de la vida misma.

Es una actitud interior que reconoce que, más allá de los comportamientos condicionados por el miedo o la ignorancia, existe en cada ser humano una aspiración natural hacia el bien, la coherencia, la armonía, o el bien común.

Las rectas relaciones humanas no se construyen desde la exigencia ni desde la imposición moral, sino desde la autenticidad, el respeto y la responsabilidad consciente.

Cuando una relación es recta, No necesita ser forzada: fluye naturalmente.

Cada parte reconoce al otro como un igual en dignidad, aunque diferente en forma, historia personal, o pensamiento.

Esta rectitud No es rigidez; es coherencia entre lo que se piensa, se siente y se actúa.

La confianza surge cuando dejamos de relacionarnos desde la expectativa de obtener algo a cambio y comenzamos a relacionarnos desde la Presencia.

En ese espacio, el otro no es un medio para un fin, ni una amenaza, ni un objeto de juicio, sino un espejo y un compañero de camino, en este mundo.

La Confianza es, –en este sentido–, un acto de valentía: implica soltar la necesidad de control y abrirse a lo que es, tal como es.

A nivel social, la falta de confianza genera sistemas basados en la vigilancia, la burocracia excesiva y la deshumanización.

Cuando los dirigentes no confían en los individuos que componen la nación, termina tratándolos como potenciales culpables o enemigos de… y cuando los individuos No confían en los dirigentes de la sociedad, se repliegan en el individualismo, la indiferencia o la confrontación.

Así es cómo se rompe el tejido vivo que sostiene la sociedad civilizada y se deteriora el bien común.

Por el contrario, una sociedad sana se fundamenta en la confianza mutua: confianza en que el otro hará lo mejor que pueda desde su nivel de consciencia; confianza en que los errores pueden ser corregidos sin destruir; confianza en que la cooperación es más poderosa que la competencia.

Esta confianza no se decreta: se cultiva desde lo cotidiano, desde las pequeñas acciones, desde la ética vivida y no proclamada.

La rectitud en las relaciones humanas comienza siempre en uno mismo.

No es posible exigir confianza si uno mismo vive desde la desconfianza interior. Cuando una persona está en paz consigo misma, cuando ha aprendido a observar sus propios miedos y condicionamientos, su manera de relacionarse, cambia.

Ya no necesita imponerse ni defenderse constantemente.

Desde esa estabilidad interior, la confianza se irradia de forma natural hacia los demás.

En el fondo, confiar en las rectas relaciones humanas y en la sociedad es confiar en la vida.

La enseñanza espiritual deja muy claro que, en el primer encuentro con otro ser humano, se debe confiar totalmente: el juicio vendría después, si fuese necesario, o No.

Esa actitud habla de ti como ser humano, que no etiqueta, ni juzga a primera vista.

Esta confianza no niega la realidad del sufrimiento o de la injusticia, pero evita que quedemos atrapados en la desconfianza, desesperanza, el cinismo o la desvergüenza.

Cuando las relaciones humanas son rectas, la sociedad se convierte en un espacio de aprendizaje compartido en armonía.

Cada encuentro es una oportunidad de crecimiento, cada conflicto una posibilidad de comprensión más profunda.

Así, la confianza deja de ser una idea abstracta y se transforma en una práctica viva, consciente y transformadora, evidenciando que, la confianza, es la base de la Felicidad individual y grupal.

En última instancia, confiar es un acto humano y espiritual: es afirmar, sin necesidad de pruebas absolutas, que la vida merece ser vivida en armonía, y reconocer que el otro, aun con sus límites, forma parte del mismo misterio de la vida que nos sostiene a todos.

La Confianza a nivel Espiritual

Si tú tienes plena confianza en tu Maestro, aún cuando tu Maestro No esté iluminado, puedes re-volucionar tu vida.

Y lo contrario también es cierto: aunque tengas un Maestro Iluminado, puede ser de poca ayuda para tí.

Todo depende enteramente de Ti y de tu confianza. 

Para que la Luz Interior se intensifique y su poder se afirme cada vez más, hemos de tener absoluta confianza en la Guía Inspiradora de nuestro Maestro Interior, en su Sabiduría y Poder… y por correspondencia debemos depositar nuestra Confianza, en el Maestro exterior.

La Confianza abre el canal a la expresión interior, mientras toda forma de desconfianza lo cierra.

Resumiendo: Confía Siempre… y cuando el tiempo haya madurado la “herida”, de… –una rotura de confianza–, vuelve a dar otra oportunidad a quien rompió tu confianza.

Köan: Si te enfocas en la herida, continuaras sufriendo.

Si te enfocas en la Lección, continuarás creciendo.

Así qué, Confía Siempre.

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Inspiro-Espiro

Con Profundo Amor

Rabsal

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